martes, 19 de julio de 2016

Miedos.

Quizás, entre los miedos más extendidos, el miedo a la soledad es uno de los más frecuentes en todo el mundo.

Muy bien,  si alguna vez os habéis sentido solos, aún rodeados de gente que queréis, sabréis de lo que hablo. De entre todos los tipos de sentimientos de soledad que he experimentado, quizás este es el que más me aterra, porque me parece ilógico. Dicen que tememos aquello que no entendemos o comprendemos, y en este caso, creo que la regla se cumple. Me asusta el hecho de que por muchas personas que puedas ver a tu alrededor, e incluso en algún momento interactúes con alguna/s de ellas, haciendo que ese sentimiento desaparezca momentáneamente, sientas cómo un muro, que solamente eres capaz de percibir, os separa.

A veces, ese "muro" que percibimos, se debe a que esa persona pueda estarse distanciando de nosotros por algún motivo que desconozcamos —O conozcamos pero no sepamos cómo ponerle remedio.—. Otras, no es más que obra nuestra. Una obra nuestra que no sabemos qué sentido tiene.

No queremos sentirnos solos, así que comenzamos a cuestionarnos por qué nos sentimos así.
Craso error. Al comenzar a divagar en este pensamiento, sólo acrecentamos nuestras inseguridades, haciendo que la soledad que sintamos sea aún más aterradora. Pensar demasiado sobre nuestros sentimientos negativos, sólo hace que les demos mayor importancia y produce, por ende, que olvidemos los motivos que mantienen nuestra felicidad.

Más allá de los factores externos que puedan darse, flagelarse emocionalmente de semejante manera no aporta ningún tipo de beneficio, ni siquiera de aprendizaje.

No es fácil enfrentarse a este tipo de sentimiento, pero sin duda, no es imposible. Hay que aprender a fijarse en todo lo que nos rodea. Tal vez demos más importancia a unas personas que otras que nos apoyan, así que tenemos que  —Por nuestro bien, y para agradecer el esfuerzo y dedicación de esas personas.— procurar abrirnos a nuestro ritmo a esas personas que podamos encontrar.

Muchas veces el compartir nuestras preocupaciones, hace que veamos las cosas desde otra u otras perspectivas, haciendo que nos demos cuenta de que realmente todo eso que creíamos percibir no era sino una obra de nuestra inseguridad, que al momento de abrirnos para liberar mínimamente esa carga
se reduce, y, en ocasiones, desaparece.

Ante todo, si conocéis a alguien que queréis en este tipo de situación, mi consejo, como alguien que ha tenido varios episodios semejantes, es que les demostréis que confiáis en ellos, y que pueden confiar en vosotros. Haceros notar en sus vidas, porque si no pueden acabar ensimismándose demasiado, degenerando en un problema mucho mayor.

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